Blog de los alumnos de Religión del Colegio Sta. María del Pilar de 2º de bachillerato, del curso 2011/2012.

En este blog vamos a ir publicando nuestros comentarios sobre 30 cuadros que nos cuentan la vida de Jesús de Nazaret, todos estos cuadros los podeis encontrar en el museo del prado y en el magnifico libro publicado por ppc, de Alicia Perez Tripiana y Maria Ángeles Sobrino López.

lunes, 20 de febrero de 2012

La oración en el huerto Tiziano



Es un cuadro de 1562 pintado al óleo en lienzo de medidas 176 x 136 expuesto en el museo del prado. Procede de la colección real del monasterio de El Escorial.

Su autor, Tiziano, es un autor renacentista italiano, de la escuela veneciana. Además de pintura religiosa cultivó otros campos como la pintura sobre temas mitológicos, retratos y paisajes. En su estilo destaca el color, que lo utiliza para destacar las partes más importantes del cuadro. Tuvo influencias de Tintoretto y Varonese.

El tema de este cuadro es tratado en el nuevo testamento. Antes de la pasión y después de la última cena Cristo se retiró junto con los apóstoles al monte de los olivos. (Mt 26,36-46), (Mc 14, 32-42), (Lc 22, 40-46) y (Jn 18,1)

En este cuadro destaca el contraste de colores. En primer plano se encuentra la figura de Jesús que está vestido con colores muy vivos en contraste con el resto del cuadro que tiene tonos grises, marrones, negros…  en la esquina izquierda se observa a su vez al espíritu santo y el cielo reflejados en una luz y una paloma.
Este estilo de contrastes se denomina “Nocturno” y fue muy utilizado en su época. Además de estos dos fragmentos con colores vivos se observa un candil en la parte inferior del cuadro que permite la iluminación del resto del cuadro.
También llama la atención la aparición de los soldados en segundo plano en lugar de los apóstoles como era habitual en cuadros anteriores. Los soldados llevan ropas de esta época.



Opinión personal:

Este es un cuadro que refleja una clara distinción entre el mundo de los hombres y Dios. El estilo del Nocturno no permite apreciar los detalles pero destaca lo importante.


Pablo Perez 2º A

“El bautismo de Cristo” el Greco



“El bautismo de Cristo” fue pintado por el Greco entre los años 1597 y 1600, como pintura para el retablo del Colegio Agustinas de doña María de Aragón. Actualmente se conserva en el Museo del Prado. Óleo sobre tela de dimensiones de 350 cm de alto por 144 de ancho. Quizá sea importante señalar la importancia de no confundirlo con el cuadro de “El bautismo de Cristo”, pintado unos años más tarde en colaboración con su hijo, y que se encuentra en la catedral de Toledo.
El estilo característico del Greco se observa en la estilización de las figuras. Los personajes, al estar retorcidos, y junto con los saltos de escala, aportan movimiento al conjunto.
Este cuadro nos remite a la cita bíblica sobre el bautismo de Jesús: <<Por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En el momento que salía del agua, vio los cielos abiertos y el Espíritu Santo como una paloma bajando sobre él. Y sonó una voz de los cielos: “Tú eres mi Hijo, el Amado, en ti me complazco”>> (Mt 1, 9-11).  Nos muestra cómo Jesús, hombre y Dios, se sitúa a nuestro nivel, al nivel humano, dándonos ejemplo sobre cómo actuar. Es así como lo vemos en el cuadro, arrodillado, humilde. Rodilla apoyada sobre la roca, mirando desde abajo a su primo segundo Juan.
Si analizamos la ordenación del cuadro, observamos que hay dos partes claramente diferenciadas. La parte de arriba, cuyo centro es Dios, la divinidad; y la parte de abajo, donde nos encontramos el plano terrenal, con Juan el Bautista y Jesús.
En el plano superior pues, nos encontramos a Dios, vestido todo de blanco, símbolo de la pureza y de la santidad. Irradia luz que se refleja en los ángeles de los lados. En su mano derecha observamos la señal de la Trinidad, con los dedos índice, pulgar y corazón extendidos, así como su doble naturaleza humana y divina, con los dedos meñique y anular recogidos. Hace referencia al Pantocrátor. Desde la parte baja de su túnica brota un rayo de luz, una pincelada de tonos blancos llega hasta la mitad del cuadro donde se transforma en el Espíritu Santo en forma de paloma, nexo de unión entre lo divino y lo terrenal.
En el plano terrenal encontramos dos figuras principales que eclipsan lo demás. No se muestra el paisaje, el Jordán… lo esencial son San Juan, vestido con una sencilla piel de camello, y Jesús, especialmente iluminado y escasamente vestido con un trapo blanco que representa la pureza. Cabría destacar el hacha presente a la derecha de Juan, apoyada sobre un tronco, que hace referencia a un sermón de San Juan: “ya está puesta el hacha en la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé fruto será cortado y arrojado al fuego” (Mateo 3:10).
El espacio que no ocupan las cuatro figuras principales (Dios, Espíritu Santo, San Juan y Jesús), está relleno con ángeles, que portan prendas cuyos colores debemos resaltar. A la izquierda de Jesús hay un  ángel vestido con una túnica azul, color que representa la espiritualidad y el orden; lo espiritual y lo divino. Sujeta un manto rojo sobre la cabeza de Jesús, representando el sacrificio. Por último, un ángel a la izquierda, vestido de verde, representa la esperanza, vida nueva y eterna. De este modo, en el plano terrenal encontramos un anuncio de lo que sería la vida, pasión y resurrección de Jesús.
Irene Gregorio 2º B

La caída camino del Calvario’.- Rafael



El cuadro ‘La caída camino del Calvario’, o también conocido como ‘El Pasmo de Sicilia’, es una obra del período del  Renacimiento, pintada por el famoso escultor y pintor Rafael Sanzio  (1483-1520), en 1515, aunque la fecha no está verdaderamente clara, pues otras fuentes apuntan que fue acabada en 1517;  sus medidas son de 3.18 x 2.29, lo que denota que es un gran cuadro; además, era un óleo sobre tabla que pasó a ser lienzo en el siglo XIX, estando en España de nuevo, ya que, a pesar de que fue adquirida por el rey Felipe IV, que era un gran coleccionista de la obra renacentista y en especial de las obras de Rafael, y colocada en el Real Alcázar de Madrid, tras ser rescatada del incendio que sufrió a finales del siglo XVIII, Napoleón se la llevó a Francia, hasta que retornó a España en el año 1822; siendo aquí cuando se pasó de óleo sobre tabla a lienzo. 
Es curioso que su verdadero nombre es  ‘La caída camino al calvario’, pero también es conocido en este país por ‘El pasmo de Sicilia’, porque en un principio esta pintura fue destinada al convento de Sta. María dello Spasimo, y de ahí la traducción; en italiano, ‘spasimo’ quiere decir ‘angustias’, y en castellano ha sido traducido a pasmo.
Lo que más destaca en el cuadro es la figura de Jesús, que ha caído con la cruz a hombros, y mira a las Marías con actitud dolida, sufriente; es una mirada que expresa, parece real, definitivamente estremece.  Estremece, de la misma manera, la actitud de María, a punto de desmayarse; esto proviene de una leyenda no recogida en los Evangelios, que narra que María se desmayó al ver a su hijo en el Calvario a punto de ser crucificado, poco tiempo antes de su muerte; la figura de María destaca también por su manto azul, símbolo de la divinidad. Su expresión transmite dolor, el dolor de una madre que sufre por su hijo, entre Jesús y María hay una conexión de dolor, de tristeza y de compasión, Rafael supo transmitir con realismo todas y cada una de las actitudes de los “presentes” en su obra.
El cuadro no destaca, paradójicamente, por su perspectiva, pues Rafael no hizo demasiado uso de ella en este cuadro: las imágenes y personas están, o parecen distribuídas de forma caótica; el hombre con la bandera que junto a los suyos obliga con crueldad a levantarse a Jesús, los soldados, el paisaje del fondo, donde están los dos hombres que estuvieron al lado de Jesús, igualmente crucificados…  Sin embargo, la perspectiva funciona y el cuadro se centra, con el famoso equilibrio renacentista, en Jesús y las Marías que parecen acudir en su ayuda, quienes realmente son los protagonistas del cuadro, los que les dan vida, junto al movimiento de los personajes secundarios. Cabe destacar los colores chillones, junto con la escena, llena de movimiento y dolor, dando una atmósfera cargada y casi apoteósica, lo cual convierte a la historia de este cuadro en algo confuso pero lleno de significado, simplemente quiere hablarnos del sufrimiento de Cristo, que dio la vida por el mundo, quiere hablarnos de su Pasión, de la importancia que tuvo.
Raffaello Sanzio o de Urbino, o simplemente Rafael, fue un arquitector y pintor italiano del Renacimiento clásico. Estuvo muy influenciado por la cultura clásica griega y romana, por Miguel Ángel, y por la escuela florentina. A pesar de que murió joven, su legado es extenso, sobre todo en pintura y arquitectura religiosa. Es conocido por pintar muchos de los frescos del Vaticano, y por sus grabados y dibujos. Otro famoso cuadro de la figura de Jesús pintado por este magnífico artista es  ‘Cristo sostenido por dos ángeles’
LEIRE ROSADO PLAZA, 2º DE BACHILLERATO D.

jueves, 16 de febrero de 2012

La Sagrada Familia del Pajarito.- Murillo



Autor: Bartolomé Esteban Murillo
Técnica: Óleo sobre lienzo
Medidas: 144 x 188 cm
Estilo: Barroco
Escuela: Española (Siglo XVII )

En este cuadro podemos apreciar la figura de José, no es una figura característica de él, ya que le suelen pintar frio, lejano y en cambio, en este cuadro observamos que tiene una actitud paternal, con un gesto amable.
En la imagen central del cuadro apreciamos que solo se hallan José y Jesús, María la encontramos alejada de esta imagen, está en segundo plano. Con ello afirmamos que Murillo nos quería mostrar lo que no era tan evidente en esta época que era la paternidad de José sobre Jesús.
La cara de María es muy diferente a como estamos acostumbrados a verla, solemos verla cariñosa, cercana a Jesús, y, en cambio, en este cuadro observamos que es una cara protectora pero desde la distancia, ya que no se encuentra junto a él.
Observamos que Jesús tiene un pajarito en la mano, como si estuviese jugando con él y con el perro, el perro, que está en primer plano, es símbolo de fidelidad. Jesús se muestra con una postura juguetona, no muy característica de él en los cuadros.
Este episodio, en la biblia no aparece casi, por lo que surgen los evangelios apócrifos.
El cuadro es muy detallista, se observan todos los detalles: los pliegues del manto, la cesta que esta a los pies de María, las herramientas de carpintero que están detrás de José.
Es de resaltar que María en este cuadro no lleva un manto azul, sino más oscuro, marrón. Ya que los colores del cuadro son todos de esa gama de colores: marrones, rojizos, ámbar.
El que se encuentren las herramientas de carpintero de José pintadas en el cuadro es para hacernos ver que era una familia humilde, que no eran ricos; por la postura de María, podemos decir que ella está tejiendo o haciendo la colada (por la cesta que se halla a su lado).
Lo extraño de este cuadro es que no vemos que haya ningún ser celeste que es un simbolismo típico del Barroco.

                                                         Elena Galán Serrano  2º Bach “B”

Este cuadro forma parte de la producción del pintor barroco Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla 1617-1682). Formado en el naturalismo tardío evolucionó hacia fórmulas propias del barroco pleno, con una sensibilidad que a veces anticipa el Rococó en algunas de sus más peculiares e imitadas creaciones iconográficas como la Inmaculada Concepción o el Buen Pastor. Figura central de la escuela sevillana, con un elevado número de discípulos y seguidores que llevaron su influencia hasta bien entrado el siglo XVIII. El grueso de su producción está formado por obras de carácter religioso debido a que su clientela era en mayor medida eclesiástica, pero a diferencia de los restantes grandes maestros españoles cultivó también la pintura de género de forma continuada e independiente. Murillo funda una academia de pintura con Francisco de Herrera en 1660

La obra comentada presenta unas dimensiones de 144 x 188 cm. y el material empleado es el óleo sobre lienzo.
La total ausencia de elementos divinos o celestiales nos muestra una escena familiar, idílica, que representa el hogar en el que se refleja el juego del pequeño niño Jesús con el pajarito que contiene en la mano (del elemento del pájaro procedería el nombre de la obra) mientras le acompaña José que presenta un papel paternal y aspecto jovial y abraza al pequeño niño. Su madre, María, ha detenido sus labores de hilado para comer una manzana.

Son figuras elegantes pero poseen cierto realismo; el protagonista es el niño Jesús, que está iluminado por un potente foco de luz procedente del lateral izquierdo del cuadro que provoca contrastes, dejando el fondo en penumbra total, sobre el que se recortan las figuras, aunque al lado de San José se puede observar el banco de trabajo del carpintero. Sin embargo, la iluminación es matizada y supera el tenebrismo. El excelente dibujo por el que destacará Murillo se aprecia en sus primeras obras, donde los detalles son también protagonistas: el cesto de la Virgen, los miembros de los personajes, el gesto del cachorro, los pliegues de los paños... Las ropas son humildes. El colorido del cuadro sigue el estilo naturalista. 

Colocar a San José como protagonista de la escena junto al Niño viene motivado por las discusiones teológicas sobre la función del santo en la vida de Cristo. Si en un primer momento se pensó que no tuvo ninguna relación con la educación de Jesús, a medida que pasa el tiempo se considera que la labor de San José es cada vez más importante. En la composición lo podemos ver como padre ideal, inteligente y paciente, que incluso relega la figura de María a un segundo plano. Puede apreciarse cierta influencia de la pintura de Rafael en la obra que nos ocupa.

Por Jorge Esteva Silva. 
2º Bachillerato C.

coronacion de espinas.- Anton Van Dyck.




 Este cuadro fue pintado en el año 1618 por Anton Van Dyck; quién lo realizó durante su etapa joven. Debido a la estrecha relación que mantuvo con su maestro, el también pintor Rubens; este cuadro fue el regalo que le entregó en agradecimiento en 1621, antes de que se marchase a Italia.  A la muerte de Rubens, el cuadro lo adquirió Felipe IV, quien destinó la obra a El Escorial.

Es un cuadro de óleo sobre lienzo, con unas dimensiones de 223x196 cm, en el que se muestra la influencia veneciana de sus primeros años como pintor.

 El tema que trata el cuadro es el que corresponde con la colocación de la corona de espinas a Jesús, relatado en el evangelio de Marcos 15, 16-20. En este fragmento, se cuenta como los soldados le colocaban un manto de color púrpura y, tras coronarle con una corona que habían realizado a base de espinas, le saludaban diciendo: ¡Salud, rey de los judíos!. Además de golpearle con una caña y escupirle, se arrodillaban y le rendían homenaje.

 Inicialmente hay que señalar que aparece como figura principal Jesús, siendo por tanto el elemento más importante y destacable de la obra. A su alrededor se pueden apreciar las figuras de otros cinco hombres más la de un perro, encontrándose todos en el mismo plano; y en un plano más secundario, tras unas rejas, otros dos hombres.

 En esta obra, Jesús aparace sentado, atado y semidesnudo, cubierto unicamente por una túnica azul (siendo este color utilizado para representar la grandeza), que es la que le pusieron los soldados en lugar de sus ropajes; estando así desprotegido y expuesto. En su rostro se puede observar, tanto la sangre de los golpes recibidos, como su expresión de serenidad, apareciendo con los ojos cerrados y sin tensión alguna en sus músculos.

De los hombres que se encuentran a su alrededor dispuestos en forma circular, destacan de forma especial el verdugo, que se encuentra justo detrás de Jesús, sujetando con fuerza su hacha. En su rostro se puede apreciar una expresión de distanciamiento, como si él sólo fuera un observador que ejecutará más tarde la condena. Aunque Jesús murió en la cruz, y no debido a una decapitación, la responsabilidad de semejante condena no sólo recayó en Pilato, que fue el que determinó su final, sino del hombre que tenía que supervisar que se cumplía.

También destaca el soldado que le coloca la corona de espinas, que se encuentra totalmente protegido por su armadura, como si necesitase que ésta le diera una seguridad y valentía que por momentos parecen estar ausentes. Este soldado se encuentra en tensión y su semblante refleja el agotamiento por realizar un gran esfuerzo además de un gran sentimiento de superiodad .

Asimismo sobresale la figura de un hombre que se encuentra arrodillado, con una de sus rodillas hincadas en el suelo, ofreciendo a Jesús una caña. Esta caña representa el cetro de un rey, refiriéndose al gran poder que ejerce el rey de los judíos, alimentando así las burlas contra Jesús. Su actitud es totalmente desafiante frente al símbolo  de grandeza que Jesús, como hijo de Dios, representa.

 Por último, se puede tener en cuenta al perro y a los dos hombres que aparacen tras las rejas; ya que esta obra fue realizada en varias partes; y justo ésta se añadió posteriormente, una vez la obra ya había sido acabada. De este modo, se muestra como Jesús fue tratado incluso con una mayor dejadez y falta de respeto que cualquier otro acusado, además de una ausencia de cualquier gesto de humanidad posible, privándole de una mínima intimidad, y careciendo a su vez de un lugar más alejado para que se procediera con su juicio y condena.

 Se podría resaltar finalmente el hombre que viste una túnica de color rojo, que podría representar una alegación al diablo, como un intento de victoria del mal sobre el bien, en un momento de más debilidad de Jesús. Por el contrario, también podría interpretarse como una alegoría a la sangre que Jesús hubo de derramar por nosotros, para poder salvarnos.

Habría que señalar finalmente que en este cuadro se aprecian las diagonales características del Barroco, aunque con una fuerza algo menor; mientras que las rejas que se encuentran al fondo son las que acentúan la verticalidad. En suma, la obra está muy bien estructurada y pensada, de modo que nada queda al azar. Quizás se pueda destacar que llegó incluso a situar a los personajes que rodean a Jesús en forma circular, haciendo así referencia al tema de esta obre: la corona de espinas.

Marta Monje 2ºB

lunes, 13 de febrero de 2012

NOLI ME TANGERE Il Correggio (1489-1534)



Este cuadro es un óleo sobre tabla, y mide 1,3m x 1,03m. Fue pintado en 1518, por Antonio Allegri da Correggio. Fue regalado a Felipe IV por el príncipe Ludovisi y se encuentra en el Museo del Prado desde 1839.
                El tema de Jesús resucitado y sus apariciones con los discípulos es recurrente en las escrituras y el arte. En este lienzo de Il Correggio se representa la escena entre Jesús y María Magdalena, haciendo referencia al texto del Evangelio de Juan capítulo 20, versículo 17. En este fragmento Jesús se encuentra con María Magdalena, después de resucitar, y le dice “no me toques”. La sorpresa, la emoción, se muestran con la sensibilidad y la delicadeza del arte renacentista.
 Como otras escenas evangélicas, su utilización en el arte adquiere una misión didáctica a la vez que plástica, se puede, por tanto incluir el tema en una serie formada por el Ecce Homo, la Visitación de los Magos, la Huida a Egipto, la entrada en Jerusalén el domingo de Ramos, etc.
Doctrinalmente, esta escena transmite la esperanza de la Resurrección, es la primera aparición de Jesús ya resucitado, el triunfo del Señor sobre la muerte y el dolor, que podemos observar en el manto de Cristo, que no es rojo, símbolo de la pasión, sino azul, color de la divinidad. Se aprecia también el anhelo de Jesús por encontrarse con el Padre, tanto que le pide a María Magdalena que no le toque, que no le retenga.
                El artista tiene numerosas influencias, desde Mantegna, del que toma la  emoción, a Leonardo, Miguel Ángel o Rafael, maestros técnicos de la composición, la forma y el tratamiento anatómico y psicológico de los personajes y, en último término,  de la escuela veneciana,  y su expresividad cromática.
                 Resuelve la escena con un plano cercano, en el que aparece María Magdalena, arrodillada ante Jesús, quien aparece con gesto tranquilo, y a la vez ampliando la escena para mostrar un paisaje natural. Dentro del clasicismo renacentista, las innovaciones técnicas de la época se aprecian en la precisión del trazo y la intensa iluminación sobre los cuerpos de los personajes transmitiendo claridad, y resaltándolos frente al paisaje.
                La luz blanca sobre el cuerpo de Jesús frente al  cielo cargado de nubes tormentosas y el bosque cerrado, podría simbolizar el triunfo de la fe resucitada sobre el pecado y la muerte.
                La expresión de la Magdalena, entre la emoción más absoluta al contemplar al Resucitado y el temor ante el inesperado acontecimiento, nos transmite el misterio del encuentro con la Gracia divina, la insignificancia del ser humano frente a la inmensidad de la Gloria. Esta veneración se asoma en el rostro de María Magdalena que contrasta con la actitud de Cristo, calmada, tranquila.
En el centro del cuadro existe una línea de gran fuerza expresiva, un eje que dirige toda la composición: la línea de vista entre los protagonistas, resaltada por la posición de los brazos de Jesús, uno hacia arriba, y otro hacia abajo, representan un nexo entre la Tierra y el Cielo, lo mortal y lo divino, los hombres y Dios.
Patricia Serrano 2º A

LA ANUNCIACION.- FRA ANGELICO




Este cuadro fue pintado por Fra Angelico en 1430, en el Quatrocentto, Fra Angelico es un fraile que pintaba en su convento y este cuadro fue pintado para el convento Santo Domingo de Fiesole, los frailes lo vendieron en 1611 al Duque de Lerma para arreglar el campanario y las relaciones que este tenía con España hizo que el cuadro terminase en el Museo del Prado en 1861, donde hoy se encuentra.
Es una tabla pintada al temple, es un momento en el que se pinta pertenece a una época de transición entre el Renacimiento y el Gótico en pintura, de ahí que el cuadro posea elementos góticos como la perspectiva, pertenece a la escuela florentina del siglo XV, destaca la luz y el color y los detalles minuciosos.
El cuadro mide 2x2 metros.
El tema principal del cuadro como su titulo indica es la Anunciación del ángel Gabriel a la Virgen María, pero llama la atención la predela, la tabla pequeña que esta justo debajo de lo que es el cuadro principal; son cinco cuadros en miniaturas, ordenados son, El desposorio de María con José, la Visita a su prima Isabel, la Adoración de los Reyes Magos, la Presentación en el Templo, y la Adormición de la Virgen.
El cuadro principal lo podemos dividir en tres partes. La parte de la izquierda fuera de la imagen principal de la Anunciación, se encuentra el mito de Adán y Eva, por lo que los expulsan del Jardín del Edén y aparece el ángel que lo hace. Nos habla acerca del porqué por culpa de Eva aparece el pecado original en el mundo relacionando con el principal que por mediación de otra mujer existe la salvación en la tierra, así hace referencia Fra Angelico a su simbología, a modo de paralelismo.
En la perspectiva del cuadro podemos ver como los elementos más cercanos son de mayor tamaño que los que son mas lejanos como Adán y Eva, se pueden ver las columnas mas grandes al igual que el interior de la puerta del templo.
En cuanto a los aspectos teológicos cabe destacar, la mano de la esquina superior izquierda de la que sale la luz es la mano de Dios Padre, si seguimos el haz de luz vemos una paloma, símbolo del espíritu santo y si seguimos el haz de luz vemos a Jesús, por lo que representa las tres figuras de la Trinidad, esto se repite en la columna central en el que aparece un medallón con la imagen de Dios Padre, Dios espíritu es el haz de luz y el pájaro, una golondrina (símbolo de la Resurrección) porque renace la primavera.
Aparece un anacronismo en el libro que sujeta María, el cuadro pretende el símbolo en todo momento.
El color azul y dorado que utiliza simboliza riqueza, ya que utiliza el lapizlatu, piedra preciosa molida con la cual hacen el tinte y es muy caro.
Este cuadro va a ser muy relevante para el momento y el tema que propone, caracterizado sobre todo por su simbología teologal.
En 1884 Fra Angélico va a ser  canonizado por Juan Pablo II.


Realizado por: Cristina Barros Tinoco
 2º Bachillerato A